La inteligencia social puede llegar a producir resultados verdaderamente sorprendentes. Cualquier idea con gancho merece ser desarrollada en colaboración con el grupo. Es así como puede llegar a alcanzar cotas que ni podemos llegar a imaginar.

Todo el mundo se halla tan preocupado por convertirse en la estrella del grupo que el equipo acaba siendo un fracaso.

Cuando los equipos funcionan bien los resultados son multiplicativos, y terminan produciendo resultados que trascienden el talento individual de cualquiera de sus integrantes. Uno de los movimientos más bellos de la práctica del ciclismo es rodar entrando a dar relevos. Para realizarlo, un ciclista se sitúa en cabeza, marcando un ritmo, hasta que pasados unos metros se separa hacia un lado y desciende su ritmo de pedaleo, siendo el siguiente quien queda en cabeza, manteniendo el mismo ritmo y así sucesivamente con todos cuantos deciden entrar a los relevos.

Los factores clave del rendimiento de un grupo residen en las habilidades interpersonales y la compatibilidad existente entre los distintos miembros del grupo.

La motivación también resulta sumamente importante. Los grupos funcionan mejor si son capaces de generar un estado de armonía interna que alimente el máximo aprovechamiento de las fuerzas y talentos de cada uno de los implicados.