Ajusta la presión de los neumáticos en relación con tu peso, forma de rodar, estado de la superficie y talla del neumático. En la mayoría de los casos, debe estar entre 1,75 y 3 bar.
Ponte de pie para usar la fuerza de tu tronco e impulsar la rueda trasera con energía. Esto se hace flexionando los codos, echando el torso hacia delante, y tirando a la vez del manillar hacia arriba y hacia atrás al principio de cada pedalada.
Haz una lectura rápida de la superficie y observa hacia donde vas con la suficiente antelación como para descubrir baches, piedras, ramas caídas y cosas similares. Si fijas tu trayectoria a tiempo, evitarás cambios bruscos que pongan en peligro la tracción.
Para mantener el impulso debes cambiar a una marcha adecuada antes de tiempo, y a una velocidad razonable que puedas controlar. En superficies blandas deberás pedalear suavemente echando el peso del cuerpo hacia atrás, y de esta forma aliviar la presión de la rueda delantera y reducir el riesgo de que se hunda en el terreno.